Epistemología de las Ciencias Sociales: Rutas para la comprensión de la niñez y la juventud


Cuando se nos pregunta por la urgencia, necesidad y reto de contribuir desde la investigación social a la comprensión, apropiación e intervención de los acontecimientos que rodean la manera como nuestros niños y jóvenes son, viven y habitan en el mundo, no podemos evitar recurrir a los esquemas teoréticos que se asoman dada nuestra experiencia académica. De esta manera, nos encontramos como investigadores-académicos que en varias ocasiones se proveen del andamiaje conceptual que por años ha sido construido, modificado, releído, y reconfigurado con el fin de que se nos permita ver la realidad de manera clara, descriptible y por qué no, fácilmente asible. 

Percatarse que en sí mismo el conocimiento es paradójico, y que en sí mismo trae la ignorancia, la inocencia y hasta la conjetura, es una actitud dinámica y necesaria, aunque no suficiente, cuando se trata de enfrentar los nuevos retos que nos plantea nuestra realidad latinoamericana actual. Si bien es cierto, la comprensión de los mundos sociales que encontramos actualmente en Latinoamérica exigen una comprensión localizada y renovadora, también ha de cuestionarse el “lugar” de tales reflexiones desde las disciplinas. Esto nos conduce a afirmar que asistimos a una época en donde evidenciar las fracturas, pliegues y quiebres de los acontecimientos de las infancias y las juventudes, marcados por posturas, agenciamientos, y procesos de socialización adoptados por nuestros niños, niñas y jóvenes, nos exigen no sólo una mirada crítica sino activa, renovadora y alternativa, que sea capaz de traducir y trasladar el conocimiento constituido o mejor, constituyente a espacios, escenarios y acciones concretas en donde la vida de niños, niñas y jóvenes adquieren lugar.

De esta manera, preguntar por una epistemología que responda a “lo que acontece” en niños, niñas y jóvenes, es de hecho, preguntar por la posibilidad de releer esos contenidos tradicionales eurocéntricos de la epistemología, que indaga por el modo cómo conocemos lo que conocemos. Allí, en esa definitiva consolidación de un modo específico en el que se instala y se revela la acción de conocer, reside una gran ausencia de sujetos históricos, que indagan, perciben, y agencian de modo distinto y singular su hacer, su vivir, y su experienciar lo político, lo social, lo histórico, lo económico, etc.

Por ello se hace necesario pensar cuál es el tipo de epistemología que corresponde al mundo que se nos presenta, con coyunturas, conflictos, nuevas lecturas de la pobreza, nuevos y complejos modos de violencia, nuevas ciudadanías y modos de lo político, y, sobre todo, aquellos modos en los que estas instancias van teniendo lugar en niños, niñas y jóvenes cuyas búsquedas son búsquedas latinoamericanas, situadas, diremos.

Nos aventuramos así a proponer la posibilidad de unas nuevas epistemologías que aparezcan en un escenario donde el pensamiento latinoamericano, sea el telón de fondo de una actitud espistémica decolonial, que des-ubique, desplace, y provea de diferencias y nuevos sentidos, el interés por investigar lo mestizo, lo heterogéneo, lo múltiple y mezclado.

En este sentido unas epistemologías de los bordes, de las rupturas, comprendidas como epistemologías del sur, permiten la emergencia; no sólo de lecturas complejas, mezcladas y en situación, sino fenómenos que tradicionalmente han sido asumidos, subsumidos y definidos de forma unitaria, unívoca y definitiva. De esta manera, las epistemologías de tipo de-colonial llaman y proponen una actitud política del investigador que se quiere y quiere comprender desde la diferencia, la extrañeza y la diversidad; nunca desde la actitud exótica, exotizante y segregadora.

Los contextos actuales de las infancias y juventudes latinoamericanas, exigen pues, investigadores que sean capaces de trasladar sus discursos sobre los mundos de lo social, al aprendizaje que emerge de tales mundos y como aparecen, en los itinerarios de los nuevos cosmopolitismos, en las nuevas formas de cultura, en las nuevas maneras de entender las emergencias de lo ancestral en las acciones de los jóvenes, y, por supuesto, en los nuevos lenguajes y prácticas de quienes se instalan en la escena de lo político.

Las nuevas epistemologías reemplazan y desplazan así, la pregunta por cómo conocemos aquello que conocemos, por la pregunta desde dónde, hacia dónde, y por qué caminos es posible conocer lo que conocemos; de tal manera que incluso las metodologías de la investigación social, desembocan en actitudes políticas reales que se evidencian en la diversidad, la reinvención histórica, y los desarraigos incluso elegidos y emprendidos, por niños, niñas y jóvenes latinoamericanos de la vida contemporánea.

Nuestros niños, niñas y jóvenes, emprenden nuevas búsquedas, y caminos, que exigen sujetos investigadores dislocados que sean capaces de re- inventarse y re- existirse desde lo emergente. Construir una mítica de la existencia, un saber ritual del habitar, una política del reconocimiento ancestral y actual, es una actividad de pensamiento que reta el hacer del investigador real. Es por esta razón que se propone no un nicho epistémico de investigadores de lo social, sino un saber itinerante característico de epistemologías activas y dinámicas que exijan a los investigadores de los mundos sociales des-colocar su vida en un mundo cuya facticidad es la emergencia.